En abril, cuando Estados Unidos acusó formalmente a Rubén Rocha Moya, gobernador en funciones del estado mexicano de Sinaloa, cruzó una línea que ambos países habían evitado por décadas. Washington ya no le estaba pidiendo ayuda a México para detener a un fugitivo, extraditar a un narcotraficante o acabar con el líder de un cártel. …











